Un sujeto se dirige al analista cuando un encuentro con lo real ha resultado en una conmoción más o menos traumática de su realidad. El sujeto hace entonces la experiencia de síntomas que lo perturban y que no puede entender. Eso lo lleva a esforzar un intento de interpretación de lo que aparece como sinsentido. Miller1 esclarece que si el sujeto se dirige a consultar con un analista es en razón de esta pre-interpretación de sus síntomas, que ya supone la institución del sujeto supuesto al saber. Dicha pre-interpretación implica la idea de que hay una interpretación posible. El sujeto supone que ahí hay un saber y busca a alguien que le ayude a interpretar lo que eso quiere decir. De ahí que Miller proponga nombrar las entrevistas preliminares como “entrevistas secundarias”, pues lo son respecto a una transferencia ya presente.

Entonces, la transferencia proporciona la vía que permitirá la puesta en forma significante del síntoma, es decir, su formalización metafórica, su despliegue en significantes, que se corresponde al momento de inicio del análisis2. Se espera la producción de un síntoma analítico.

La cuestión que concierne a esta mesa es cómo, a partir de escuchar la demanda de un sujeto, es posible construir un síntoma. Parto de formularme algunas preguntas: ¿qué es poner en forma el síntoma, hoy? y ¿qué es lo que permite atravesar el “umbral del análisis”, es decir, entrar en el discurso analítico?3

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