“La humildad del límite en que el acto se presentó a su experiencia le tapa, con la reprobación con la que se enuncia que es fallido, las vías más seguras que ella alberga para llegar a ese saber”1.

En estos momentos de reinicio de la experiencia del pase en las escuelas de la AMP y en particular en nuestra escuela, vienen a mi memoria algunas de las referencias que trabajé en la última etapa de mi enseñanza como AE. Era un momento de evaluación de lo conseguido en la transmisión, así como de sus límites. Decidí dar por terminada mi tarea teniendo en cuenta las orientaciones del nuevo reglamento del pase, que redujo la vigencia de la nominación de AE de tres a dos años.

La fórmula general de acuerdo con la cual no hay AE sin Escuela se precisa cuando consideramos la relación entre los reglamentos del pase, el modo de concebir las enseñanzas en el conjunto de la Escuela y el encaje en ellas de la responsabilidad de cada nominado. Todo funcionamiento produce sus síntomas, que únicamente a posteriori podemos interpretar. Así, lo que se llamó “starificación” de los AE no se puede separar de un modo de funcionamiento que plasmaba lo que las escuelas de la AMP esperan del pase en determinado momento.

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