…ese deseo lacaniano es que la experiencia analítica sea conclusiva, demostrativa, que demuestre un real, esto es, que obtenga de la contingencia como tal, condición de la experiencia analítica, demostración de un real. Pues bien, si eso no está sostenido por un deseo, esta propuesta de obtener de la contingencia una demostración de real, no se produce”. J.A. Miller, Los usos del lapso, Buenos Aires, 2004, Ed. Paidós, p. 114.

Formar parte del cartel del pase sitúa en primer plano una de las grandes paradojas a las que se confronta quien integre temporalmente este dispositivo: fue deseo, pero también exigencia de J. Lacan, que sea la contingencia lo que testimonie de un real.

Un real que no es sencillo de corroborar, porque tal como se lee en la Proposición, el psicoanalista es el resultado de su análisis y está afectado, en su formación, por “un real en juego… Y es un hecho, que este real provoca su propio desconocimiento, incluso que produ(ce) su negación sistemática1.

Retengo la cita inicial porque la apuesta por la contingencia tiene toda su importancia en el cartel del pase que, a diferencia de otros cárteles, se caracteriza por ser “sin tema, sin modelo y sin saber hacer2, en palabras recientes de J- A. Miller. Es decir, el propio dispositivo en su composición apuesta por lo imprevisible que genera el discurso analítico, por lo que en el procedimiento puede o no ocurrir. A esta sutileza responde el nuevo reglamento del pase que ha disuelto la continuidad que se establecía cuando el más uno del cartel del pase, integraba el cartel posterior. Por el mismo motivo, por preservar la sorpresa que acontece en el encuentro con los pasadores, el secretario del pase ya no integra el cartel, evitándose así estar ‘contaminado’ por la demanda directa que recibió del pasante.

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