Entrevistas preliminares: “Es una expresión bien hecha para extraviarse…”1, señaló Jacques-Alain Miller en su curso “Del síntoma al fantasma y retorno”. paradójicamente, ya que de las entrevistas preliminares se espera a priori que tengan cierta función orientativa… Entonces, ¿cuáles serían los riesgos de extraviarse? Lo primero que se me ocurrió fue la delicada cuestión de los criterios, en este caso de admisión. En el psicoanálisis, como su eje es la singularidad del sujeto, siempre incomparable, se pediría a los criterios que se quedasen en la puerta, lo que no les impediría, en ocasiones, intentar volver a entrar por la ventana… Por otra parte, el término “preliminar” podría también extraviarnos al entenderlo como “esto no ha comenzado aún”. Sin embargo, desde el primer encuentro con el analista ¡comienza! Igual que en los preliminares amorosos, antes del acto sexual, ya se trata de sexo. Y plantearse la “cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis2, ¿no la sitúa ya en el centro de lo que concierna al psicoanálisis y no antes?

Volvamos a Freud. De quien tomo prestado mi título. Encontramos esta expresión “primera prueba3 en su texto de 1913 “La iniciación del tratamiento”. No propone tanto criterios como reglas -no son lo mismo. En la elección de los pacientes que sin duda introduciría la cuestión de los criterios de esta elección prefiere “practicar primero un tratamiento de prueba de una o dos semanas4 y plantea que “…ese ensayo previo ya es el comienzo del psicoanálisis y debe obedecer a sus reglas5.

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