No hay entrada posible en análisis sin entrevistas preliminares”. Esta indicación Lacan la recordaba en 1971 en la 2ª conferencia que dictó en el hospital de Sainte Anne para los internos en Psiquiatría y que precedió a su Seminario …Ou pire. Se trataba ahí de una serie de encuentros preliminares que Lacan quiso diferenciar de lo que luego sería el Seminario donde se proponía dar cuenta de lo que decía con ayuda de la lógica y de la topología. Le invitaron a hablar del “Saber del psicoanalista”, pero Lacan prefirió hablar como analizante, advirtiendo que la enseñanza del psicoanálisis pasa por consentir en tomar ese lugar de analizante.

De la misma manera que para ejercer como psicoanalista hay que pasar antes por la experiencia. Esto no ha sido nunca evidente y aún menos hoy día, cualquiera puede decirse psicoanalista, o que hace psicoanálisis. Resulta sorprendente que haya gente que se presenta como analista y que tumba en el diván al futuro paciente nada más entrar por la puerta. A veces la invitación es solo a asociar libremente, y esto no es menos sorprendente. ¿Y qué hacen con eso? La idea de que hablar hace bien se ha instalado como principio para abordar la tan preocupante salud mental. Cierto, hablar puede hacer bien si al menos uno se hace responsable de lo que dice. A veces es el mismo futuro paciente el que toma la iniciativa adelantándose a las indicaciones del analista. En ese caso cabe suponer que quizás el interesado ha visto muchas películas. Esto nos indica que el psicoanálisis se ha incorporado en el discurso común, y que ya no estamos en los inicios cuando Freud se veía obligado a advertir sobre los pormenores de la experiencia.

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