“Con lo que llamé el final de la partida, estamos -por fin- en el hueso de nuestro discurso de esta noche”1, esta frase se encuentra en la “Proposición del 9 de octubre sobre el psicoanalista de la escuela”. El final analítico es el hueso del texto. Me sorprendió mucho encontrar esta frase, dado que Fin de partida es mi obra favorita de Samuel Beckett, donde dos personajes, Clov y Hamm, esperan un fin en una espera sin fin, donde nada termina de no terminar, por lo que la primera frase de la obra parece ser lo contrario de un recorrido analítico: «Fini, c’est fini, ça va finir, ça va peut-être finir”2.(Terminado, se terminó, se va a terminar, tal vez se termine”). Todo sucede en un espacio vaciado de sentido esperando el final. Hamm pregunta: “¿Qué hora es?” Clov responde: “La misma de siempre”. Y, sin embargo, Hamm afirma con lucidez: «El final está en el principio y sin embargo seguimos». Lo que les falta es la capacidad del acto final, de salir de la eternidad, de introducir el tiempo.
¿El final está ya en el principio, como afirma el personaje beckettiano?
Recorrido de un exilio, así he decidido llamar a lo que me parece ser la mejor indicación de lo que es el punto de partida y el punto de llegada de la experiencia analítica: el viaje de un exilio al otro. A partir de mi recorrido analítico y de la experiencia del final del análisis, se me invita hoy a poner a trabajar una frase de Lacan presente en la «Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela», donde afirma que «La destitución subjetiva (está) inscrita en el billete de entrada»3. ¿Cómo entender tal afirmación cuando él mismo no deja de señalar en la misma frase hasta qué punto esto podría provocar horror, o incluso indignación? En efecto, sería difícil decirle a un sujeto que acaba de llamar a la puerta del analista, que lo único que le espera es una nueva destitución, y que la única promesa que el psicoanálisis puede hacerle es que recuperar un goce perdido es imposible. Pasará mucho tiempo antes de que la pregunta del sujeto pase de la creencia en un saber en lo real a la oposición entre saber y goce, entre el saber construido en el análisis y ese goce que itera y que es resistente a los efectos de sentido y de verdad.