Un análisis en dos tramos
El análisis transcurrió en dos tramos. El primero duró nueve años. Pedí análisis cuando atravesaba una gran crisis. Había sido madre y mi matrimonio se venía abajo. Mi demanda fue: “quiero separarme de mi marido y no puedo”, lo que condujo al síntoma analítico: “no sé cómo ser mujer, no sé qué es el amor”. Este análisis alivió la angustia, situó el estrago materno y me llevó a encontrarme con el Campo Freudiano y la Escuela. Además, me permitió consentir al encuentro con el hombre al que amo.
Dos sueños al inicio de estar en el diván habrían de ser resignificados por los dos sueños del final, ya al término del segundo tramo, constituyendo así las cuatro formaciones del inconsciente que contienen la lógica misma del análisis. Uno de ellos, consta únicamente de una frase: “El ojo de la cura”, incomprensible entonces más allá de hacer resonar un “Elogio de la cura” que evocaba, a su vez, el título de Erasmo, Elogio de la locura. La locura, puedo decir ahora, del sentido imaginario. El sueño señalaba al objeto mirada que, recién tumbada en el diván, se revelaba desgajado de lo imaginario. En el otro sueño miro la página de un texto escrito sobre una hoja transparente. Puedo leer las letras, pero no los significantes, paso página y la imposibilidad de la lectura se repite y, así, sucesivamente, de un modo infinito. Me despierto con un sentimiento de impotencia que me empuja a la repetición y me angustia. Este sueño, además, me revelaba una resistencia a la lectura bajo la forma de un texto ilegible, a mí, que había hecho de la lectura mi profesión misma: la enseñanza universitaria de la literatura.