Ruego a los colegas franceses que me disculpen: voy a hablar en castellano, por el placer de hacerlo, y, sin duda, también para establecer un contacto más directo con los asistentes, ya que es la lengua de la mayoría de los aquí presentes. Quizá haya un poco de demagogia en ello, pero la asumo, por darme el gusto.

Me disculpo también por no haber participado en esta conversación general, porque he intentado dar otro paso; ir un poco más allá del punto al que había llegado hasta entonces. Y ello, para empezar a tematizar algo difícil de formular, con la idea de que el próximo congreso permitirá avanzar en lo que, incluso para mí, sigue siendo enigmático. Un pequeño paso más allá, porque cada vez sabemos más cosas, de Freud, de Lacan, de nuestro sujeto supuesto saber…; lo que en cada ocasión hace más difícil, más problemático lograr un efecto que pueda ser algo diferente, inédito. No digo que lo haya conseguido, pero al menos lo he intentado.

Inspiración o cálculo

En la historia romana antigua -esto es un homenaje a los romanos, a tres de los AE y a Antonio Di Ciaccia aquí presente-, en la historia mítica, la de Tito Livio, y me parece que también se encuentra esto en Ovidio, se cuenta que, para sus decisiones institucionales el rey Numa Pompilius consultaba a una ninfa, Egeria, diosa de las fuentes y del alumbramiento. No creo que Éric Laurent delegado general haga lo mismo. El nombre propio de la diosa ha entrado en la lengua común: designa a un agente supuesto femenino de la inspiración, una inspiradora. El campo freudiano no tiene Egeria y la elección de los temas de nuestros congresos cada dos años no responde a una inspiración, sino a un cálculo. El delegado general y el consejo de la AMP me confían la elección del tema, no tanto porque se fían de mi inspiración, sino porque deben de pensar que soy un calculador riguroso. Les agradezco su confianza. En esta ocasión, no sólo quiero comunicarles y presentarles el tema del próximo congreso de 2010, sino compartir con ustedes el cálculo mismo.

*Semblants et sinthomes. Présentation du thème du VIIe congrès de l’AMP. La Cause Freudienne nº 69, p. 124.

Publicado y traducido con la amable autorización de Jacques-Alain Miller.

Queridos camaradas, en 2010, hará treinta años que nos reunimos cada dos años en torno a un tema que orienta, “vectoriza”, por así decirlo, el trabajo, la reflexión de nuestra comunidad. Este tema da testimonio de lo que tenemos en común a través de nuestras lenguas, de nuestros países, y al mismo tiempo lo cristaliza. Estas escansiones bianuales permanecen como las huellas de una historia, una historia ininterrumpida desde 1980, una historia que ha cambiado el curso del psicoanálisis en el mundo.

Hemos perdido la memoria de estas huellas -¡ya catorce!- y no creo que nadie sea capaz de recordar esta lista de memoria. Sin embargo, todavía no son tan numerosas y, muchos -los que estaban en Caracas al principio, los que se unieron a nosotros algunos años más tarde-, seguro que al evocar esta lista recuperaran los recuerdos de los pasos que se dieron para llegar hasta hoy.

La elección -así es la formulación del problema- del decimoquinto tema de trabajo supone tener presente los catorce temas anteriores. No son una lista aleatoria, sino una cadena significante exigida por un algoritmo o un cuasi-algoritmo. Querría poner en evidencia el hilo de Ariadna que recorre esta lista temática, por ser la lógica que sostiene desde hace casi treinta años el avance del campo freudiano.

La máquina de escribir y el paraguas

Cuando tuvo lugar, la primera vez no era la primera, era única. Surgida ex nihilo, era tan sorprendente como el célebre encuentro surrealista de la máquina de coser y del paraguas sobre una mesa de disección1. Aquí, hablaría más bien de una máquina de escribir. También hay otra diferencia: la máquina de escribir era el paraguas. Este era el papel representado por el propio Lacan, vivo, en persona, que había transportado su cuerpo viejo y enfermo hasta América Latina para encontrarse con sus lectores desconocidos. La máquina de escribir era como el símbolo de su obra, que precisamente nos servía de paraguas, es decir, de abrigo, de protección para practicar el psicoanálisis en una cultura, una civilización que sucumbía bajo una lluvia, un diluvio de objetos de consumo de masas, pero también de conceptos de consumo de masas que hacía imposible una práctica correcta del psicoanálisis. La mesa de disección éramos nosotros, reunidos para disertar sobre esa obra y diseccionarla.

Y aquí estamos otra vez, casi treinta años más tarde. El campo freudiano sigue teniendo para nosotros el atractivo de esta obra que interpreta a Freud y a través de él el propio psicoanálisis; y que una y otra vez nos alienta a continuar interpretando el psicoanálisis de hoy -un hoy que se desplaza con el curso del tiempo.

Lacan era un original, no pensaba como los demás. Argumentaba, pero hasta hoy sus argumentos siguen teniendo algo singular, retorcido, que en mi opinión, no permite que nos identifiquemos con él, que lo consideremos un semejante. Esto es lo que significa disección: lo contrario de identificación. Lo que no permite la identificación con Lacan es también el hecho de que en su enseñanza siempre se desplaza; él reconsidera, reconfigura lo anterior a partir del hic et nunc, a partir del presente y en relación con lo que pueda suceder mañana.

Ternarios

Por consiguiente, el tema del Encuentro de Caracas fue lógicamente La enseñanza de Jacques Lacan. En cuanto al hic, el lugar, se añadió, si no recuerdo mal, y el psicoanálisis en América Latina. La enseñanza de Jacques Lacan sigue siendo nuestro tema permanente, a ello se añade siempre la toma en consideración del momento, del lugar, y una perspectiva que parte del futuro para considerar el presente. El encuentro inicial fue también una especie de instante de ver para muchos latinoamericanos, de ver a Lacan por primera y única vez, y también de vernos los unos a los otros en la que sería la primera vez de una larga serie. Para marcar la función de este encuentro recordaré los versos con los que Dante saluda a Virgilio en la Divina Comedia, en los que -como dijo Jorge Luis Borges-, da fe de su confianza en Virgilio: «E io: Maestro, i tuoi ragionamenti / mi son sì certi e prendon sì mia fede, / che li altri mi sarien carboni spenti”»2.

La segunda vez se acordó que el encuentro de Caracas se consideraría el primero. Tuvo lugar por la voluntad y el deseo de Lacan que nos citaba en París en 1982. El tema del segundo encuentro se impuso en función del primero: después de la enseñanza del Uno, la clínica de los otros. Así pues, para el encuentro de París se pidieron casos clínicos y fue como un tiempo para comprender lo que hacíamos en nuestras consultas con esta enseñanza.

Con la tercera vez, se instaura la repetición como diferente del desdoblamiento. En Buenos Aires se decidió confrontar la clínica efectiva con la enseñanza que supuestamente la ordenaba; y fue el momento de concluir esta primera época del campo freudiano. En esa ocasión, se trataba de nuestra propia voluntad. El automatón actual se constituyó a partir de ahí: esa decisión nuestra fue nuestra apuesta en favor de un automatón que sigue estando activo. El tema era ¿Cómo se analiza hoy? Observo que esto les trae algunos recuerdos.

Estas tres escansiones iniciales, que evocan las famosas escansiones del tiempo lógico, han seguido soportando cada uno de nuestros encuentros. En cada uno, el núcleo es la enseñanza de Jacques Lacan, se exponen casos clínicos y la pregunta “¿cómo se analiza hoy?” demanda nuevas respuestas. Este ternario inicial funciona como el algoritmo secreto del campo freudiano; secreto es decir demasiado, creo que ha sido revelado en varias ocasiones: desde el inicio nuestros temas de trabajo se reagrupan de tres en tres.

Más aún, estas tres escansiones ordenan cada ternario como tal: el primero, 1980-82-84, estuvo dominado por la enseñanza; el segundo, 1986-88-90, por la clínica; el tercero, 1992-94-96, por la práctica.

El segundo ternario -después de esto, se acordarán ustedes de los catorce, no los olvidarán, ya que tendrán el modo de composición de la lista- fue el de la clínica: París 1986, Histeria y obsesión; Buenos Aires 1988, Clínica de las psicosis; París 1990, Rasgos de perversión. Luego, 7, 8, 9. Este ternario fue el de la práctica. Caracas 1992: comenzamos por el término fundamental de la práctica, La transferencia, que se establece al principio de la cura. París 1994: nos desplazamos al otro extremo, Finales de análisis. Buenos Aires 1996: intentamos concluir este ternario con el objetivo de lograr una cierta generalización sobre Los poderes de la palabra -discutimos los poderes de la palabra y también sus límites-.

A continuación, 10, 11, 12: no habíamos terminado aún con el foco puesto sobre la práctica. En el ternario precedente habíamos considerado lo más clásico en las coordenadas de la práctica, mas sentíamos que era necesaria una actualización en función de su evolución. Por ello, el ternario 10-11-12 fue el de la práctica actualizada.

En 1998 en Barcelona, hace diez años, cuando, en mi opinión, mi lugar en la elaboración estaba siendo puesto en tela de juicio, elegí como tema una expresión que había trabajado en mi curso3 a partir de una indicación de Lacan, El partenaire-síntoma, que fue el décimo tema. Aprovecho la ocasión para agradecer a Sílvia Tendlarz el establecimiento del Seminario del mismo nombre; a Graciela Brodsky la supervisión de la edición, y a la traductora Dora Saroka su excelente trabajo.

Para Buenos Aires 2000 -cuando, como recordarán ustedes, se multiplicaban, especialmente en Argentina, los intercambios con diversas corrientes de la IPA-, elegí un tema que apuntaba a la división entre el lacanismo y, si puedo llamarlo así, el “oficialismo” psicoanalítico: la sesión corta. El título fue La sesión analítica. Si no me equivoco, pues hablo de memoria, fue la ocasión de escuchar por primera vez en América Latina los testimonios de los AE en un Encuentro.

Bruselas 2002, tercer congreso de la AMP: surgiendo como una reflexión a posteriori de la producción de los AE, el decimosegundo tema fue Los efectos de formación en psicoanálisis, sus lugares, sus causas, sus paradojas. Y funcionó como el momento de concluir el ternario de la práctica actualizada.

Así llegamos al último ternario: el decimotercero en Roma hace dos años, El nombre del Padre. Prescindir de él, utilizarlo; el decimocuarto hoy en Buenos Aires: Los objetos a en la experiencia analítica; queda por elegir el decimoquinto.

Un participante – Falta Comandatuba.

Jacques-Alain Miller – ¿Qué he olvidado?

Un participante – Brasil

Jacques-Alain Miller – ¡Lo que faltaba, entonces mis cálculos son completamente falsos! 2004 en Comandatuba… parece que la práctica actualizada tuvo cuatro congresos en lugar de tres; esto fue una adaptación. Sin embargo pertenece a la serie anterior, ya que es: La práctica lacaniana, sin estándares pero no sin principios.

Tengo aquí la lista: ¿cómo llamamos a esto? ¿Un lapsus? No es un lapsus calami porque había escrito cuatro y no había visto este. Es la excepción de la regla.

Y ahora, el último ternario: El nombre del padre, Los objetos a en la experiencia analítica y el último tema que aún no se ha elegido.

¿Cuál es el principio de este ternario? Es un retorno directo a la enseñanza de Lacan. Pero esta vez a partir de categorías de nuestro uso común que antes nunca habíamos tematizado como tales. Eran medios para hablar de otra cosa, no las habíamos tomado como tema propiamente dicho. Además, se trata de términos propios de la lengua de Lacan, cuando hasta entonces los términos retenidos pertenecían siempre a la lengua común. Esta elección de términos cuasi cifrados traduce varias cosas. En primer lugar, traduce, pienso, la penetración de la lengua de Lacan en los analistas, que hacen uso de ella sean o no lacanianos. No creo que existan en el mundo de hoy psicoanalistas que no conozcan el Nombre-del-Padre y el objeto a. Esta elección traduce asimismo nuestra afirmación del discurso analítico como vínculo social de pleno derecho, con sus propios significantes, válidos entre los analistas. Por último, traduce también un desplazamiento hacia la última enseñanza de Lacan.

Naturalmente, como saben ustedes, el objeto a es una invención de los primeros tiempos de la enseñanza de Lacan; si tuviera que dar una referencia, ésta sería: La relación de objeto, Las formaciones del inconsciente. Desde entonces -y quizá incluso anteriormente- el objeto a está presente a lo largo de toda su enseñanza. No obstante, esta elección traduce un desplazamiento hacia la última enseñanza de Lacan en la medida en que este tema fue situado después del anterior, el Nombre-del-Padre.

Semblantes

Obviamente, el Nombre-del-Padre nos remite a la primera escansión de la enseñanza de Lacan. La expresión aparece ya sin guiones ni mayúsculas en su conferencia de 1953 sobre el simbólico, el imaginario y el real4, y tomó su forma clásica en el artículo “De una cuestión preliminar…”. Pero hace dos años se añadió una referencia que remite al Seminario El sinthome: prescindir de él, utilizarlo5. Esta referencia subraya el carácter de semblante del Nombre-del-Padre. Lo desvaloriza convirtiéndolo en mero instrumento del analista en la cura quitándole su lugar en el inconsciente real y situándolo en el inconsciente transferencial.

Esta semblantización, si me permiten utilizar esta palabra -en francés no es muy bonita, en castellano tampoco pero se entiende-; esta semblantización del Nombre-del-Padre evoca ya la fórmula “todo el mundo es loco”6. Esta fórmula provocadora, este aforismo lacaniano no hace sino generalizar y radicalizar las indicaciones de Freud -esto es lo que se me ha hecho evidente esta tarde-. Por ejemplo, cuando en su artículo de 1937 sobre el análisis con final y sin final, Freud dice que en cada “persona normal”, “medianamente normal”, el ego, “su yo se aproxima al del psicótico en esta o aquella pieza, en grado mayor o menor7. Esto fue forcluido en el lacanismo clásico pero, con la semblantización del Nombre-del-Padre recuperamos algo de ello -Lacan mismo da testimonio de ello con la fórmula provocadora “todo el mundo es loco”-.

De hecho, esta semblantización ya era legible en lo que Lacan llamó la metáfora paterna. Tal como la concibe, la metáfora es una tópica, una distribución de lugares ocupados por elementos; virtualmente, la metáfora es ya una combinatoria. O entonces es que, incluso si Dios está muerto, el ideal no está aún muerto en el psicoanálisis. Digamos simplemente que desde la perspectiva que propongo para nuestro próximo congreso, el ideal de la desaparición sintomática total no tiene sentido. Es lo que distingue el final del análisis, tal como Lacan lo planteó en 1967, del pase efectivo tal como se nos presenta a través de los testimonios que recogemos: la narración del algoritmo de la transferencia -¿qué es lo que se cuenta? ¿qué es lo que se dice?-; la emergencia de un semblante, el sujeto supuesto saber, y su transformación en otro semblante, el objeto a, de igual sustancia, mediante el alejamiento de algunos significantes amos. Por ejemplo, en los testimonios la articulación de estos significantes amos no va sin la parte de elección propia del autor, es perceptible. Esta elección responde a las tentativas de exposición que se imponen porque dan como satisfacción un acuerdo con el Otro. Reconocerán aquí el término que me encantó en la exposición de Carmelo Licitra Rosa: “una especie de toilette del Otro”8. Un testimonio de pase es eso, una especie de toilette del Otro.

Si seguimos al Lacan de 1967, todo el recorrido de un análisis se sitúa en el registro del fantasma. Es decir, que la doctrina del final de análisis se corresponde a la lógica del fantasma, no se desarrolla en la perspectiva del real: tal como se presenta a partir de ese texto, el final se logra por la ruptura de los elementos que constituyen el fantasma, S/ y a. A ese nivel sí que se observa el desvanecimiento: en primer lugar, una deflación del deseo como efecto simbólico cuya verdad es el -φ de la castración; a continuación, la puesta en evidencia del objeto que lo satisface y que tiene la misma estructura, tal como Lacan repite una y otra vez. Después de esto, podemos prescindir de creer en la castración, de taparla con el objeto, y podemos también utilizarlos del mismo modo que el Nombre-del-Padre. Utilizamos sobre todo el objeto a en la cura de los otros, lo utilizamos claramente como un semblante, como agalma dijo Lacan ya en 1967. El psicoanalista, dice él precisamente, va a utilizar el objeto a como “agalma de la esencia del deseo”9.

Pero ¡cuidado! En ese texto, tanto el objeto a cómo -φ son dos nombres a través de los cuales Lacan nombra el deseo del analista. Son las dos vertientes del deseo del psicoanalista, son los dos valores que toma10. ¡Es increíble cuantas veces he leído este texto sin ver que decía que eran valores del deseo del analista! En este contexto, dichos valores dependen de la naturaleza del semblante de la experiencia misma, esa experiencia que llevamos a buen puerto gracias a las palabras, sólo a las palabras, decía Lacan. En “La dirección de la cura…” hay una frase un poco escandalosa -“hacer olvidar al paciente que se trata únicamente de palabras”11– pero en la que ya está presente el valor de semblantización de la experiencia.

Disyunción de lo real y lo verdadero

La continuación de mi exposición bastaría ya para hacer dudar del carácter real del final tal como ha sido trazado. El pase en 1967 parece total, es la descripción del final del análisis como unión del deseo y del saber, en la medida en que son una misma cosa, una única superficie moebiana cuyo borde sostiene el brillo del agalma escondido. Evidentemente, como términos del orden simbólico, deseo y saber son la misma cosa. Vemos a Lacan, lo seguimos en sus tentativas de forzar el binario deseo / saber para acomodar el goce, para sustituir el agalma por el plus-de-gozar.

Ahora bien, de hecho, tener en cuenta el goce hace saltar este binario, lo relativiza, y lo remite precisamente al registro de lo que Lacan, en su último escrito, llama “la verdad mentirosa”12. Así es como Lacan relativiza el pase: lo mejor, dice, que pueden hacer los AE es arriesgarse a dar testimonio de la verdad mentirosa, es decir del desvanecimiento de -φ y del objeto a, y, por consiguiente, de la forma en que pueden utilizarlos. Lo mejor en un testimonio supone asumir la mentira de la verdad.

Por eso, Lacan define el testimonio de pase como la historización13, la histerización del análisis. Desde siempre, en el psicoanálisis la histeria es el tipo clínico en el que el síntoma se hace semblante, se muestra dúctil al deseo del Otro. ¿Cabe dudar del hecho de que el espectáculo de los testimonios da respuesta al deseo de nuestra comunidad? Interpretar esto como una desvalorización del pase sería una mala lectura. La mentira de la verdad es estructural, ya que lo verdadero y lo real son distintos, y que lo real no puede sino mentir al partenaire14, afirma Lacan en “Televisión”.

Con el pase, Lacan había anunciado que iría más allá de Freud. ¿Por qué? Porque pensaba haber resuelto el problema planteado por Freud al final de su artículo sobre el análisis con final y el análisis sin final; a saber, el “rechazo de la feminidad”15. Lacan pensaba haber resuelto este problema al revelar que el falo y el -φ eran semblantes susceptibles de desvanecerse en la medida en que se separan del objeto pregenital. Analizando la última parte del artículo de Freud, Lacan anticipa: “veo cómo ir más allá”. En la medida en que el falo es un significante, se puede ir más allá. Claro que esto suponía tener una gran confianza en la lógica: todo el texto de 1967 se apoya en una creencia extrema en la lógica-algoritmo, solución de ecuación16Es el análisis considerado como el desarrollo de una demostración.

El axioma, o el prejuicio, que subyace a esta perspectiva es que la lógica es la ciencia de lo real17-años más tarde, Lacan lo pondrá de relieve precisamente para abandonarlo-. Durante todo este periodo de su enseñanza, pensaba que la lógica era la ciencia de lo real, del mismo modo que pensaba que la lingüística lo era del lenguaje. Cuando comprendió todo lo que en su enseñanza se basaba en dicha creencia, fue cuando renunció a la lingüística como ciencia del lenguaje y a la lógica como ciencia de lo real.

Yendo más allá de esta fórmula que encontramos en “El Atolondradicho”, la última enseñanza de Lacan avanza hacia: no hay ciencia de lo real. Exactamente como en un análisis, Lacan formula que la lógica es la ciencia de lo real, para poco después negarlo18.

Opacidad

Desde el momento en que es de todo punto evidente que la lógica es una combinatoria de semblantes, podemos prescindir de ella a condición de utilizarla. Pero solo podemos utilizar la lógica si prescindimos de ella y de nuestra creencia en ella.

De tal manera que los testimonios de pase son excelentes testimonios de lo incurable. Estos testimonios son en sí mismos producciones sintomáticas que evocan una opacidad y cuyo valor es la evocación de esa opacidad. Pienso que es así como Lacan lo articula y creo que podemos tomar esta fórmula como guía para nuestro trabajo en esta zona oscura. En su texto “Joyce el Síntoma”, Lacan habla del goce “propio del síntoma”, que es “opaco” porque excluye el sentido19.

Esto va en la dirección opuesta al concepto de sentido gozado20, cuyo ensamblaje intentó Lacan, y remite a una oposición entre sentido y goce. Sin duda, el análisis reduce esta oposición, y la afina; en afirmación de Lacan, recurre al sentido para elucidar el goce, pero solo puede “lograrlo dejándose engañar…por el padre21. O sea que el análisis se sirve del padre, de un significante Uno que permite la lectura de esa opacidad; intenta elucidar una parte de ella pero utilizando el semblante de un significante Uno.

Pienso que esto puede darnos impulso para reconfigurar nuestra clínica a partir de este punto. El síntoma como mensaje significado por el Otro es un efecto del análisis: al contrario de lo que dice “La instancia de la letra…”, no es una metáfora22, y el sentido no nos permite sino circunscribir lo ininteligible. Este es el desafío al que nos enfrentamos en nuestra clínica: renunciar a la transparencia, siempre ilusoria. No considerar los restos sintomáticos como minucias, sino al contrario, renunciar a la transparencia sin ceder sobre la elucidación; aceptar que el pase no sea del orden del todo, sino del orden del no-todo. Lacan dice de todas las maneras posibles que cada analista, y por consiguiente cada AE, se constituye por una vía que le es propia, no por lo mismo. Los analistas no son iguales. Por ello, propongo articular una dialéctica del sentido y del goce en la experiencia analítica y poner en evidencia en nuestros trabajos el borde de semblante que sitúa el núcleo de goce. No borrar el semblante sino recuperarlo.

No he dicho nada de los nudos. Por ahora, me limito a decir que sólo podemos prescindir de ellos si no los utilizamos. Propongo que queden como metáfora de la ausencia de una ciencia de lo real a la que no sustituyen. Si la práctica del psicoanálisis existe es porque no hay ciencia de lo real.

Gracias.

Jacques-Alain Miller
Traducción: María José González y Susanna Vendrell

 

Notas:

  1. Lautréamont. “Les chants de Maldoror. Chant sixième”. Obras completas. Gallimard, col. La pléiade, París, 1970, pp. 224-225.
  2. «Le respondí: “Maestro, tus razonamientos son para mí tan verídicos, y me obligan a prestarles tanta fe, que cualesquiera otros me parecerían carbones apagados”» Dante Alighieri, La divina comedia. El infierno, Canto XX. Club Internacional del Libro, Madrid. p. 81.
  3. Miller, Jacques-Alain. Los cursos psicoanalíticos, El partenaire-síntoma. Paidós, Buenos Aires, 2020.
  4. Lacan, Jacques. “Le symbolique, l’imaginaire et le réel” en Des Noms.du-Père. París, Seuil, 2005, p.55 & Lacan, Jacques. “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Escritos. Tomo II. Madrid, Siglo XXI, 1975.
  5. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 23, El sinthome. Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 133.
  6. Lacan, Jacques. “Lacan a Vincennes!”, Ornicar?, nº 17-18, 1979, p. 278.
  7. Freud, Sigmund. “Análisis terminable e interminable”. Obras completas. Vol. XXIII. Amorrortu, Buenos Aires, 1993, p. 237.
  8. Licitra Rosa, Carmelo. “Vivre… après la passe”. Le rapport sexuel au XXIe siècle. La Cause Freudienne nº 70.
  9. Lacan, Jacques. “Proposición del 9 de octubre de 1967”. Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2018, p. 272.
  10. Ibid., p. 270
  11. Lacan, Jacques. “La dirección de la cura y los principios de su poder”. Escritos, op.cit., p. 566.
  12. Lacan, Jacques. “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”. Otros escritos, op. cit., p. 601.
  13. Ibid., p. 600-601. También Lacan, Jacques. “Joyce el Síntoma”. Otros escritos, op. cit., p. 594.
  14. Lacan, Jacques. “Televisión”. Otros escritos, op. cit., p. 542.
  15. Freud, Sigmund. “Análisis terminable e interminable”. Obras completas. Op. cit., pp. 252-253.
  16. En particular el empleo de estos términos en: Lacan, Jacques. “Proposición del 9 de octubre de 1967”, op. cit., pp. 265-269.
  17. Lacan, Jacques. “El Atolondradicho”, op. cit., p. 474 & Lacan, Jacques. “Peut-être à Vincennes…”. Ornicar?, nº 1, p. 4.
  18. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 21, Les non-dupes errent, lecciones del 12 y 19 de febrero y en particular el 9 de abril de 1974. Inédito.
  19. Lacan, Jacques. “Joyce el Síntoma”, op. cit., p. 596.
  20. En particular, Lacan, Jacques. “Televisión”, op. cit., p. 543.
  21. Lacan, Jacques. “Joyce el Síntoma”, op. cit., p. 596.
  22. Lacan, Jacques. “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”. Escritos, op. cit., p. 498.